Me remonto, quizá, quince años atrás. Supongo que ahí empezó todo.
Me acuerdo como si fuera hoy de aquel día. Estaba en la cocina cuando me paré a ver su ventana. Allí estaba ella, haciendo quien sabe qué después de cenar. Yo no podía apartar la vista ni un instante de aquella estampa mientras un nudo en mi pecho venia para quedarse.
Corriendo traté de buscar un lugar donde pudiese esconder aquello que estaba
sintiendo. Yo tampoco podía entenderlo.
Y entre lágrimas aquel momento se esfumó.
Quince años más tarde, cada no sé cuanto tiempo, la historia se repite. Esta vez sí, por suerte, media luna rosa me rescata.

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